Mostrando entradas con la etiqueta debut. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta debut. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de noviembre de 2013

Víctor Charneco, preparado para enfrentarse a sus ‘Duelos’





Duelos supone el esperado regreso a la literatura de Víctor Charneco (Zafra, Badajoz, 1976) tras la buena acogida que tuvo su ópera prima, Devuélveme a las once menos cuarto, de la que ya hablamos por aquí las pasadas navidades en las recomendaciones vacacionales. Aunque su nueva obra es un recopilatorio de relatos, comparte algunos temas comunes con su debut literario, y es que ya en Devuélveme alas once menos cuarto planteaba a los lectores la idea de que uno de los mayores problemas de la sociedad contemporánea es que está enferma de soledad. Duelos, también publicada por Ediciones Carena, se presentará en Madrid el viernes 29 de noviembre. El autor nos ha desvelado algunas de las claves de esta obra dividida en seis grandes y originales enfrentamientos de amor, realidad, amistad, honor, muerte y creación. Diferentes historias con cuidadas ambientaciones desde las cuales Víctor Charneco nos ofrece su particular visión de las motivaciones que determinan el comportamiento y las voluntades humanas.

Duelos nos ofrece un planteamiento muy original. Historias con atmósferas muy diferentes entre sí que ofrecen una mirada sobre el fascinante entramado de las relaciones humanas. ¿Desde el principio tuviste claro que querías hablar de este tema a través de este género narrativo? ¿Sentiste cierto respeto ante el género del relato, que es menos leído y para un público (quizás) más exigente?

En mi planteamiento inicial no estaba la intención de abordar grandes temas a partir de enfrentamientos con ambientaciones diferentes y registros variados, como tampoco me planteé si hacerlo desde el relato me haría menos visible para los lectores. Tenía la idea de escribir un libro de relatos en el que unos se enfrentaran a otros y, como siempre sucede en la literatura, los hechos luego me fueron conduciendo hacia las diferentes historias y las reflexiones que las alientan. En cuanto a la dificultad del relato como género, es cierto que las estadísticas dicen que este tipo de textos se lee menos, pero también parece que en los últimos años se está revitalizando el interés del público por ellos.

El primer duelo con el que se enfrentará el lector es el del amor. ¿Eres de los que piensan que se trata de una de las grandes fuerzas que mueve el mundo?

El mundo lo mueven las pasiones, todas ellas, aunque es probable que, si sacáramos la media, el motor fundamental sea el amor, porque es la pasión más extendida, la que todos pretendemos y nadie se empeña en ocultar. De todos modos, que sean menos visibles no hace que no existan unas motivaciones menos nobles en la acción humana. Nadie alardea de esos otros latidos desbocados, pero están por ahí y su existencia nos asalta a diario, recordándonos la complejidad de la condición humana y sus cuartos oscuros.

Nueva York ha tenido mucho peso en este libro y tú la describes en la primera historia. ¿Qué importancia tiene esa ciudad tan artística en tu carrera?

Nueva York es un punto referencial en mi trayectoria creativa, seguramente el más determinante de todos, porque fue en esta ciudad en la que mis proyectos literarios pasaron a convertirse en realidades inequívocas. Se trata, además, de un lugar en el que mi creatividad siempre se desata, espoleada por su explosión de vida, cultura, manifestaciones artísticas y cinematográficas. 

Dices en uno de los textos: “La vida es un camino donde priman las decepciones, los errores, el cansancio, las enfermedades y hasta la muerte”. Son las palabras de un alienígena que llega a la Tierra en una misión exploratoria. Visto así, es cierto que la vida es un continuo duelo…

Ese alienígena, el explorador Adhzed, hace la afirmación que destacas cuando no sólo ha sido infectado ya con unas emociones que le eran desconocidas, sino que ha de dar una respuesta al pueblo que le eligió para ir a la Tierra y está desconcertado ante la amenaza de la existencia ‘sensitiva’. Pero en ningún caso mi planteamiento es tan oscuro: creo en la posibilidad de la felicidad, pero no en ella como un estado irreal y acaramelado, sino en la capacidad para integrar en la existencia los problemas y dolores que en ella tienen lugar sin que eso suponga un sufrimiento imposible de soportar.

En el duelo de realidad haces un completo repaso a las emociones humanas a través de una epidemia de melancolía. Una interesante perspectiva desde la que abordar lo complejas que son nuestras relaciones interpersonales…

Ese duelo tiene un aspecto simbólico muy relacionado con la competitividad exacerbada de nuestra sociedad, en la que, en ocasiones, los sentimientos se toman como una prueba de debilidad. Los zedhícolas no tienen sensaciones, y eso lleva a su organización a un estadio más elevado, predominante; y sin embargo, no poseen todo lo que precisan, y han de salir a buscar más, engañar a sus conciencias con un sustituto tecnológico de sus sentimientos... Los humanos somos complejos, contradictorios, difíciles de entender e incluso de emparejar en relaciones estables, pero pese a todo, prefiero nuestra condición a la de Adhzed y los suyos. 

Del libro extraigo la idea global de la necesidad humana de sentirnos comprendidos, respaldados. ¿Era una de tus intenciones?

Ya en Devuélveme a las once menos cuarto defendía la idea de que uno de los mayores problemas de la sociedad contemporánea es que está enferma de soledad. El sistema productivo, la competitividad mal interpretada, e incluso el egoísmo equivocado del ‘renovarse o morir’ están produciendo una generación de seres aislados, que necesitan la comprensión y el calor de otros, pero que en muchos casos son incapaces de pedir ese afecto e incluso de darlo. Creo que en muchas ocasiones confundimos los parámetros de la modernidad y nos condenamos a un estado carencial que, más que a cualquier otro individuo o estructura social, nos lesiona a nosotros mismos.

Escribir es para muchos autores una  lucha contra los fantasmas que les acompañan. ¿Contra qué te has batido al escribir esta obra?

Duelos es una obra anterior a Devuélveme a las once menos cuarto. Se trata, de hecho, de mi primer trabajo de ficción, por lo que más que enfrentarme a mis fantasmas personales como autor, lo que tuve que hacer fue adquirir los recursos y estrategias necesarios para completar la obra. Todos los autores encaramos nuestro mundo interior cuando reflexionamos sobre la vida de los demás, pero creo que en este libro no hay demasiadas huellas de mi personalidad y sus peculiaridades.

Tras la buena acogida de Devuélveme… ¿sientes presión ante la publicación de este nuevo libro, o pesaban más las ganas de volver a encontrarte con los lectores? 

Como escritor, mi intención es la de llegar al público, darle a conocer mis historias y recibir la información sobre qué les han parecido, si les emocionaron o encontraron algo en ellas que pueda ayudarles a mejorar sus vidas. Desde esa perspectiva, siempre es un placer tener la oportunidad de volver a entrar en contacto con los lectores. Por supuesto, siento la responsabilidad de entregarles la mejor obra posible, pero no por la altura del listón que pueda haber dejado mi novela anterior, sino como compromiso con mi propio trabajo. Soy muy exigente con mis textos y no permito que salgan de mi mesa hasta que he conseguido que alcancen su mejor versión posible.

¿Será la promoción de Duelos similar a la de la novela y viajarás por diferentes ciudades españolas?

Por el momento, las presentaciones que están previstas son las de Madrid y Zafra, mi ciudad natal. Para presentar en Barcelona, sede de Ediciones Carena, esperaremos hasta Sant Jordi, e iremos planificando otras poblaciones conforme el calendario y las expectativas de los lectores nos lo vayan permitiendo. Creo que es muy positivo que el público pueda conversar con los autores, y escuchar de ellos sus motivaciones, inspiraciones o proyectos, así que siempre estoy dispuesto a viajar para mantener encuentros con ellos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Entrevista con Martín Sotelo, autor de Bailes de medio siglo



Martín Sotelo: “Siempre me han gustado los narradores poco fiables”

Bailes de medio siglo (Nocturna) es su primera novela publicada, pero de su narrativa se desprende que Martín Sotelo (Toledo, 1982) lleva ya un gran camino recorrido y que tiene por delante una esperanzadora carrera. Admirador de Onetti, de Marsé y de Rulfo, entre otros, recomienda a Faulkner –“un cuentista, un fabulador nato” – y afirma que le gustan los narradores “poco fiables” y la sensación, como lector, “de terminar convirtiéndote en escritor de aquello que estás leyendo”. Con Bailes de medio siglo ha conseguido que, en los tiempos que corren, se hable de un autor joven que está comenzando. Su prosa cuidada se pone al servicio de una historia dura narrada en varias voces –que parte, inicialmente, de un hecho real – sobre fantasmas del pasado, deudas de sangre y otros puntos oscuros de la naturaleza humana.

-Pregunta: Con esta novela debutas en el panorama literario. ¿Cómo es la sensación de lanzar tu primera obra al mercado? Estamos en un momento económico tan delicado que pocos sellos apuestan por autores noveles. ¿El horizonte es desolador o aún tenemos que confiar en aquello de que el talento siempre encuentra el camino?

-Respuesta: El camino para el que escribe es escribir. Yo tuve suerte de que una editorial como Nocturna, cuyo trabajo de edición es encomiable, apostara por mí, por la primera novela de un autor joven totalmente desconocido. No suele ser lo normal. Lo normal es publicar gracias al amiguismo de los contactos, a los agentes literarios y a los lametones. En este sentido, yo no le debo nada a nadie. Y me siento muy orgulloso de que la novela se haya abierto camino sola. 

-P.: De la mano de los personajes protagonistas, la novela recorre un sinfín de emociones y puntos oscuros de la naturaleza humana, como el miedo, la venganza, la posesión, la culpa, etc. Más allá del doble crimen que relatas, Bailes de medio siglo parece una historia de emociones, del lado turbio del hombre, y de cómo a veces no hay salvación posible. ¿Qué opinas?

-R.: A mí me interesa la verdad, la verdad personal de cada uno, intentar saber cómo son los demás, y cómo soy yo. Y como dice una canción de Nacho Vegas: la verdad fue escrita en las sombras. Así que en las sombras debe adentrarse uno si quiere hallar algún tipo de verdad. Aunque la novela total, como decía Stevenson, sería aquella en la que hubiera un momento para bailar y otro para llorar, para ser duro así como para ser sentimental, para ser ascético así como para glorificar los apetitos, y si una persona combinase todos estos extremos en su obra, cada uno en su lugar y proporción, esa obra sería la obra maestra universal tanto de la moral como del arte. Pero eso está al alcance de muy pocos, de un Cervantes, un Shakespeare, un Moliere, un Dickens, o un John Ford, en cine.

-P.: Basada, inicialmente, en una historia real, decides continuar por tu cuenta. ¿Qué era lo que más te interesó de esa historia cuando la oíste por vez primera y qué era lo que más te interesaba plasmar en las páginas de la novela?

-R: La historia real me empezó a interesar en el momento en que descubrí que el mismo hombre que había matado a su mujer mató también, cincuenta años antes, al primer marido de ella. Me empecé a imaginar cómo serían esos cincuenta años de convivencia, esa deuda de sangre que ella contrae con el hombre que fue capaz de matar por ella, por su amor. Narrar esa convivencia fue lo que me impulsó a escribir la historia. Una historia –hay que dejarlo claro– totalmente ficticia e imaginada.  

-P.: En la novela tienen un peso muy importante la ciudad de Madrid y la época en la que transcurre la historia. ¿Cómo ha sido el proceso de recrear una ciudad que empieza, como el resto del país, a cambiar poco a poco?

-R: Yo escribí esta novela en el pueblo, echando de menos Madrid, en donde viví tres años. No me documenté para contar medio siglo de este país porque no era eso lo que me interesaba, sino el conflicto íntimo de dos personas que viven aisladas y de espaldas a dicha historia. Quería demostrar que, por mucho que un país avance en libertades, ciertos conflictos emocionales siguen y seguirán intactos. 

- P: Hablando de los personajes del pueblo manchego, del cotilleo y el debate que surge a raíz del asesinato, estos pasajes me recuerdan mucho, y en general todo el estilo de la novela, a Onetti. En su novela Los adioses contemplamos cómo la historia es narrada, interpretada y a veces manipulada por varios personajes. Cada uno, como en tu historia, nos cuenta una parte de lo que ha vivido. La atmósfera de la historia y los personajes también me recuerdan mucho a él. Se trata de un autor de referencia para ti, ¿verdad?

-R: Onetti es un vicio. Le releo sin parar. Es un autor inagotable, cuya prosa, tan sinuosa, elegante y llena de pequeños matices, ya me gustaba con 20 años, pero que gana con el paso del tiempo, como los buenos vinos. Pasajes de su obra que de joven no entendías, de pronto un día los comprendes, llegando a saborear matices que sólo es posible captar cuando los años, o la vida, te enseñan de qué va la cosa. Por otra parte, a mí siempre me gustaron los narradores poco fiables y esa sensación, como lector, de terminar convirtiéndote en escritor de aquello que estás leyendo. Creo que es lo mejor que la literatura nos puede ofrecer: el convertirte en escritor de lo que lees. 

- P: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora de escribir esta novela?

-R: La de siempre: saber encontrar la distancia justa y adecuada. Hay que implicarse hasta lo más hondo que uno pueda desde un plano paralelo o distanciado. Todo el problema consiste en esto: en saber hablar de uno mismo sin ser tú, convirtiéndote en un personaje para que el personaje te muestre quién eres, para que la máscara descubra el verdadero rostro que hay debajo; y en saber hablar de los demás como si cada uno de ellos fueras tú. En los demás se descubre el artista a sí mismo, y desenmascara en sí mismo a los demás. Sin distancia, uno termina hablando de sí mismo desde la confusión y el patetismo, y de los demás, desde el rencor, la petulancia o el prejuicio. 

- P: Suele haber, en estos tiempos, un enfrentamiento entre estilo y trama. Hay muchos grandes defensores del estilo, pero hoy parece que venden las historias que te enredan en mil tramas y cuya narración deja bastante que desear. ¿Es difícil lograr un equilibrio entre los dos? Si tuvieras que ‘enganchar’ a un lector, ¿preferirías hacerlo por el cómo lo cuentas o por lo que cuentas?

-R: Por ambas cosas, a ser posible. Si una historia no la cuentas bien es como no contarla; y si descuidas el fondo enfatizando la forma es un mero ejercicio de estilo sin ningún interés, algo así como pedir al lector que a cada rato cierre el libro para aplaudirte. Yo procuro que sea el fondo, la materia sensible que sé que voy a manejar, lo que me diga qué forma he de elegir o es la más apropiada. Hay muchos escritores tildados –para mí, injustamente- de estilistas, como Faulkner, por ejemplo. Faulkner, por encima de un estilista o de tener un estilo propio, era un cuentista, un fabulador nato. Cuenta cosas sin parar. En su mejor novela, Absalón, Absalón, suceden más cosas que en cualquier bestseller de ahora supuestamente trepidante de acción. Al igual que en una noche de insomnio pueden suceder más cosas de importancia que en diez vueltas al mundo. 

- P: ¿Te consideras un autor vinculado a cierto tipo de género, en este caso, cercano a la novela negra o eres de los que se atreverían con cualquier tipo de historia?

-R: Yo nunca pienso en los géneros, ni para escribir ni para leer. La novela negra me ha debido de influir mucho, porque me apasiona. Creo que, a día de hoy, es el único tipo de novela que se ocupa de las cosas importantes, de esas cosas que preferimos no ver.  

- P: Los tiempos están cambiando mucho y parece que ahora ya no es normal que el escritor sea esa figura solitaria y tan bohemia. Ahora, muchos autores están metidos en las redes sociales y en permanente contacto con sus potenciales lectores. ¿Es marketing editorial o los nuevos tiempos han modificado el oficio del escritor? ¿Cómo te ves tú en este sentido?

-R: El oficio del escritor es escribir, y tratar de hacerlo cada día mejor. Lo demás es secundario. Yo no entiendo a este tipo de escritor que se pasa el día escribiendo, más que en sus libros, en las redes sociales. ¿De dónde sacan tiempo para escribir sus obras? En realidad los envidio, por disponer de tanto tiempo para hacer tantas cosas. 

- P: ¿Qué obsesiones literarias quieres plasmar en el siguiente libro?

-R: No me gusta hablar de mis próximos proyectos porque es la mejor manera de nunca acabarlos. Puedo hablar de una novela que tengo ya muy avanzada, sobre dos parejas unidas por un médico bastante funesto. Mis obsesiones literarias van evolucionando conforme evolucionan mis obsesiones vitales, pero, para resumir, me interesa el tema de la realidad y el sueño, el tema de la identidad y la apariencia y los personajes que, por alguna razón, viven en la orilla o carecen de voz.   

- P: Hablas de Marsé, Rulfo y Onetti como autores que te han marcado. ¿Qué es lo que más te gusta de cada uno?

-R: De Marsé, su talento para dar vida a sus personajes, su apego por el barrio, las tabernas, la niñez, los marginados, y esa capacidad de mezclar estilos opuestos, el hecho de haber asimilado tan bien, sin que chirríe, a Dickens y Onetti, por ejemplo, para forjar su prosa. De Rulfo, su concisión, su elegancia, su crudeza, su ternura, ese saber decir tanto con tan poco. Y de Onetti, todo ese universo que creó, tan cerrado, tan suyo y tan nuestro, que le servía para vivir en él, para nunca estar solo.  

- P: Dos recomendaciones para despedirnos: un clásico que hayas releído o que vayas a releer, y un libro o autor que hayas descubierto últimamente y que puedas recomendar.

-R: El Quijote, siempre. Y El ángel que nos mira, de Thomas Wolfe, que leí no hace mucho.