martes, 13 de noviembre de 2012

Andrés Neuman, narraciones en la frontera


 Tres personajes en una situación extrema son los protagonistas de Hablar solos (Alfaguara), la nueva novela de Andrés Neuman. “Radicalmente distinta” a todo lo que ha escrito anteriormente, y narrada en primera persona, cada capítulo de esta obra cuenta un viaje tan iniciático como decisivo y nos acerca a los pensamientos más íntimos de tres miembros de una misma familia: Lito, Elena y Mario. El primero es un niño de diez años entusiasmado por los camiones; Elena, la madre, es una mujer que empieza a preparar un duelo inminente y que se aferra a la literatura como una tabla de salvación, y Mario, el padre, hace frente a las que serán sus últimas semanas de vida cumpliendo uno de los sueños más grandes de su hijo: hacer un viaje juntos en camión. Si toda literatura es la historia de un viaje, Hablar solos nos propone un recorrido por el dolor y el placer, por el universo del moribundo y del cuidador.

En esta novela hay un gran cambio de registro si la comparamos con la anterior. ¿Qué te llevó a decidirte por contar una historia a tres voces? 

Me estimulaba la idea de oponerme a la novela anterior, que por suerte funcionó muy bien. Quizás por eso, me aterraba la perspectiva de repetir la fórmula o quedarme instalado en la comodidad de un terreno que ya conocía. Quería que la forma, la estructura y el estilo fueran distintos de mis otros libros. Ya en El viajero del siglo hay un personaje muy importante que es una mujer, pero está narrada en tercera persona. Fue un personaje con el que intimé mucho, así que me sentía preparado para abordar la historia de Elena, narrada en primera persona por ella misma. Quería que hablara ella, que yo no tuviera nada que ver. 

En realidad, las tres voces planteaban una especie de imposibilidad, estaban al borde de lo decible: una de las voces es un niño, una experiencia que no volveré a hacer en ningún libro; la otra es la voz de un moribundo y representa una situación al límite, y Elena planteaba el reto de que yo no soy mujer. Son tres voces que me estimulaban mucho y creo que eran necesarias para contar esta historia de manera equilibrada.

El lector pronto se da cuenta de que Elena es la gran protagonista de la novela.

Así es. Las tres voces, como digo, eran vitales, necesarias, pero Elena es la gran protagonista, es a la que más páginas dedico y tiene una voz muy literaria. Por un lado, en las historias de carretera –como es esta–, históricamente siempre se ha tratado de apartar a las mujeres. Era una narrativa muy masculina, esa y la de los viajes. Se me ocurre, por ejemplo, el libro de La carretera, de Cormac McCarthy. Y yo no me creo que Penélope estuviera parada todo el día esperando a Ulises mientras tejía y destejía. No me creo esa construcción tan masculina de la mujer que espera sentada a que el hombre regrese. Así que aquí la altero. El viaje que cuento es iniciático, es de padre e hijo; Lito y Mario se marchan unos días juntos, totalmente solos. Pero Elena no se queda quieta en ningún momento. Para crear a esta mujer me centré mucho en la observación. Veo a las mujeres como un material fascinantemente narrativo, ya que son lo que yo no soy.

La historia cuenta un viaje. En el caso de Mario y Lito, una viaje físico. En el de Elena, un viaje sensorial, interior.

Hay dos tipos de novela: las que narran un viaje y las que cuentan un asedio. Yo quería que este libro contuviera los dos. Lito y Mario viajan, y Elena vive una situación opresiva, un verdadero asedio. 

El tema de la muerte, de cuidar a un ser querido que se está muriendo, es un campo que te resulta muy familiar. Y te sirve para darle mucha voz a la figura del cuidador.

Yo he asistido a la enfermedad de más de un ser querido muy cercano, y sí que creo que no hay lugar social ni político y quizás tampoco narrativo para pensarse a uno mismo desde ahí. Las pocas veces que se aborda este tema es siempre desde el punto de vista del enfermo. No se recorre el proceso del que lo cuida, de la enfermedad que asola al cuidador. Sin embargo, no quería hablar de lo que yo he vivido, no vas a molestar al lector con tus heridas. Quería transformar algo que es muy íntimo, casi intransferible, en una reflexión colectiva, tender un puente entre lo que me pasó a mí, que es totalmente personal, y lo que han vivido otras personas. La ficción tiene eso: nos permite identificar lo propio y ponerle nombre, y aunque parezca difícil, no hay nada más liberador para alguien que está viviendo un momento así que buscar ficciones que planteen situaciones parecidas a la suya.

Los escenarios de la novela son fronterizos, como en El viajero del siglo.

Es algo que va dentro de mi personalidad. Nunca he podido elegir si soy de aquí o de allá. Mi vida siempre ha transcurrido entre las dos orillas, así que no puedo afirmar si soy español o argentino. Cuando restrinjo la historia a uno de mis dos países, automáticamente sé que me falta el otro. En el caso de esta novela, las carreteras que recorren Mario y Lito parecen estar en la frontera imposible entre Latinoamérica y España. Hay referencias a la literatura y a la geografía de las dos orillas. Por el tamaño, a veces parece México, pero cuando describo un bar de carretera parece un escenario español. Me siento cómodo en esta frontera imaginaria, donde no tengo nada que amputar.

Elena, para intentar superar el dolor, se agarra a la literatura y al sexo, dos temas centrales en la historia.

Elena resiste contra la muerte de su marido ejerciendo sus dos placeres favoritos: la lectura y el sexo; a través de ellos piensa la muerte. Son dos placeres que no están incontaminados o aislados del dolor: ella busca un sexo que incluya el dolor y lee libros que la ayuden a entender su sufrimiento. Va haciendo una pequeña antología sobre la literatura del dolor y de la pérdida. Me atraía la idea de narrar cómo un lector va leyendo, qué subraya, qué comenta y piensa de tal o cual obra. Elena es lectora no solo por citar, sino por reaccionar ante lo que lee.

¿Qué voz te ha supuesto más trabajo?

La de Lito, sin duda. La dificultad con Elena era emocional y psicológica, pero con el niño la dificultad era estilística: no puedes hacer nada de lo que sabes hacer como escritor para contar algo. El léxico es muy restringido en ese caso. 

El tema daba para una historia más larga, ¿por qué esta apuesta por la brevedad?
He cortado mucho, sobre todo de la parte de Elena. Me parecía que, por el dramatismo de las voces y la intensidad de la historia, la brevedad iba a jugar a su favor. Quería que fuera contundente, por eso la brevedad era necesaria.

jueves, 1 de noviembre de 2012

'El sol de Argel' se presentará el próximo 30 de noviembre en Madrid



El sol de Argel (Ediciones Carena) es mi primera novela publicada. El libro está a punto de ver la luz y me gustaría compartir este momento con los lectores del blog. Contaré con un padrino de excepción: el escritor Ignacio Ferrando, que recientemente ha publicado su tercer libro de relatos, La piel de los extraños (Menoscuarto), del que ya hablé aquí hace un tiempo.

La presentación será el viernes 30 de noviembre, a las 19.30 horas, en la Casa del Libro de la calle Fuencarral (Metro Bilbao). 

Aquí dejo un resumen de la historia. Para más información, podéis visitar mi Facebook (https://www.facebook.com/elsoldeargel):

Matías tiene treinta años y una vida prometedora, pero decide suicidarse. Martín, su gemelo idéntico, desconoce qué lo condujo a actuar de esa manera. Desorientado e incapaz de pasar página, emprende una acelerada investigación que cambiará su forma de entender la estrecha relación que los unía. Convertido casi en un detective, se sumerge en los últimos meses de vida de su hermano para encontrarse con un Matías desconocido. ¿Con quién se citaba en un antiguo edificio medio derruido en el centro de Madrid? ¿Quién es M., esa misteriosa persona de la que él nunca oyó hablar y que alteró la existencia de Matías?

El sol de Argel es una novela que habla del peso de la identidad y de los engaños a los que nos conduce; de cómo muchas veces  no somos quienes creemos o decimos ser, y de la imagen distorsionada que nos devuelve el espejo en el que nos miramos día a día. Una historia de búsquedas, de encuentros y desencuentros. Un viaje que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos emprendido.

Narrada en primera persona por Martín y ambientada en Madrid, El sol de Argel es una novela psicológica que a ratos parece una historia detectivesca. Su trama propone al lector un viaje al interior de sí mismo de la mano de las inquietudes de Martín, a quien acompañará durante una investigación que pronto se convierte en una caja de Pandora. ¿Qué riesgos asumimos al meternos en la vida de los demás? ¿Pueden el amor o los lazos familiares justificar la necesidad de adentrarnos en un terreno tan complejo como los últimos meses de vida de un suicida?  La soledad, el peso de la familia, la incomunicación y las obsesiones son algunos de los temas que dan forma al relato de Esther Ginés. El título hace referencia a la vez que rinde un homenaje a la novela de Albert Camus, El extranjero, que durante buena parte de la historia está muy presente.

Algunos datos sobre mí:

 Esther Ginés Esteban (Ciudad Real, 1982) es periodista literaria. Ha estado vinculada a la escritura desde muy joven, primero con poesía y luego con relatos y novela. Reside desde el año 2000 en Madrid, donde ha trabajado en varios medios de comunicación ligados al ámbito digital, y como lectora para una editorial. Formó parte de la primera promoción del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores. Actualmente es editora en Tusrelatos.com y colabora con varias publicaciones literarias. El sol de Argel es su primera novela publicada, aunque es autora de otros dos libros. Escribe habitualmente en el blog Un día en Macondo, especializado en entrevistas y reseñas de literatura.
 


miércoles, 10 de octubre de 2012

El regreso del Marías cuentista





El otoño trae buenas noticias para todos aquellos a quienes nos apasiona Javier Marías. Y es que el escritor está de vuelta. Afortunadamente, no ha pasado mucho tiempo desde Los enamoramientos, su última y exitosa novela (esa que, según ha relatado varias veces, estuvo a punto de no publicar por dudar de su calidad), pero siempre es agradable encontrarlo sobre las mesas de novedades de las librerías. El escritor madrileño acaba de presentar Mala Índole. Cuentos aceptados y aceptables (Alfaguara), un libro que reúne sus mejores relatos y que nos ofrece un recorrido por toda la amplia trayectoria narrativa del autor de Tu rostro mañana. En el oficio de la literatura, el también ensayista y columnista es todo un veterano, y él mismo recordaba en un encuentro con la prensa cómo se han cumplido ya 41 años de su primer libro, Los dominios del lobo. 


En Mala índole encontramos 23 relatos “aceptados”, entre ellos los exitosos ‘Mientras ellas duermen’ y ‘Cuando fui mortal’, y uno inédito, el que da nombre al libro, y que originalmente se publicó en El País por entregas durante un verano. En este relato el lector se reencontrará con un viejo conocido de la narrativa de Marías: Ruibérriz de Torres, quien nos llevará de la mano por México durante un rodaje de un filme con Elvis Presley. Además de los relatos “aceptados”, añade siete cuentos “aceptables” (“de los aceptados no me avergüenzo, pero de los aceptables digamos que me avergüenzo un poco, pero no demasiado”, confesó), entre ellos títulos como ‘Serán nostalgias’ o ‘La vida y muerte de Marcelino Iturriaga’. Desterrados quedan todos aquellos que el escritor considera inaceptables (“no pienso someterme al bochorno de releer los que conservo”) y que pertenecen a su etapa de juventud (“una etapa cursi,  ya que, como todo el mundo, he tenido mis etapas”).

Tiene un cierto aire de nostalgia la nota previa a la edición, en la que advierte, quizás para que el lector se mentalice, de que es probable que no vuelva a escribir más relatos, y que por tanto el libro que tiene entre manos esté llamado a ser su último recopilatorio. “Nada es nunca seguro”, nos dijo a los periodistas en persona, con la mirada un poco perdida, “pero en los últimos años he escrito muy poco por las novelas, que me llevan mucho tiempo y me dejan poco espacio, especialmente Tu rostro mañana”. 

“Un cuento puede ser perfecto de la primera a la última línea”

El cuento es un género que le gusta especialmente. “Novela y cuento, siendo géneros narrativos, son muy diferentes. Es complicado que un autor de novela se quede satisfecho de ellas. La tensión, la intensidad…son cosas que no pueden mantenerse durante toda la narración. Existen bajadas, tiempos muertos y escenas de transición que son necesarias. Por eso es difícil que uno quede totalmente satisfecho con el resultado”, explicó. La clave podría estar, como dijo Juan Benet, en que “a veces las novelas son buenas por unas páginas o un capítulo”. En lo que al cuento se refiere, Marías dijo que de este género sí es posible sentirse orgulloso. “De un cuento se puede decir que te gusta de la primera a la última línea”, afirmó. El escritor, que sigue empleando el papel, haciendo tachaduras, anotaciones y demás correcciones, también tuvo palabras para sus autores predilectos del género. De Carver destacó su gran maestría, pero afirmó que su influencia en los autores posteriores ha sido nefasta. De Henry James dijo que quizás era uno de los más grandes cuentistas; Kipling, Chejov, Faulkner o Maupassant también merecen su reconocimiento, así como Conrad y Chesterton. De España, por su parte, lamentó que no hayamos tenido una tradición cuentista tan sólida como la anglosajona y la de Latinoamérica.

¿Y qué se encontrará el lector que se acerque a Mala índole? “En mis cuentos he visitado muchos subgéneros, cosa que nunca he hecho en mis novelas”. Textos por los que se cuelan fantasmas, mafiosos y asesinos a sueldo, y algún que otro guardaespaldas. Como siempre, empleando su poderosa narración en primera persona, algo a lo que nunca ha renunciado: “Soy muy dado a la primera persona, me parece una voz muy persuasiva, aunque tiene sus dificultades, claro”. Y los temas de los que habla siempre son “inquietantes”. “Hay mucho desasosiego, el temor de un asesinato, de un suicidio, y luego están temas que me interesan mucho, como la renuncia, la tentación y el arrepentimiento…”.

Y para los cinéfilos, Javier Marías confesó que el prestigioso realizador Wayne Wang (responsable de Smoke o El club de la buena estrella) se enfrentará al reto de llevar a la gran pantalla Mientras ellas duermen. No dio más detalles, así que habrá que estar pendientes de la cartelera.

Me despido con una reflexión sobre la escritura de Marías, a mi juicio uno de los mejores escritores de la actualidad –podría decirse que el mejor escritor contemporáneo de España, aunque a mí no me gusta hablar de “el primero” o el “segundo mejor”, sino de alguien imprescindible, un autor del que recomiendo tanto novela como relato–.

“La escritura da forma a los pensamientos. Una de las razones por las que escribo es porque me parece que escribiendo pienso mejor sobre las cosas”